Brasil
Baja la deforestación en el bosque atlántico
Un bosque húmedo tropical y subtropical que se extiende por Brasil, Paraguay y Argentina
Brasil ha registrado la menor pérdida de bosque maduro de la mata atlántica –un bosque húmedo tropical y subtropical que se extiende por Brasil, Paraguay y Argentina– en 40 años. Según el Atlas da Mata Atlântica 2024-2025, la superficie deforestada fue un 40 % menor que el año anterior y alcanzó el valor más bajo de la serie histórica, desde 1985. Parece una noticia alentadora para uno de los biomas más ricos en especies y amenazados del planeta. Sin embargo, parar la deforestación es solo una parte de la historia.
Conservar un bosque implica mucho más que evitar la pérdida de superficie forestal. Supone mantener la biodiversidad, sus relaciones y las funciones ecológicas que desempeñan. Son ellas las que explican las contribuciones que la naturaleza aporta al bienestar de las personas.
Desde hace casi cuatro décadas, el Atlas da Mata Atlântica de Brasil documenta la distribución de sus masas forestales y los cambios que experimenta. El atlas responde con precisión a una pregunta fundamental: ¿cuánto bosque estamos perdiendo cada año? Gracias a esta serie histórica ha sido posible seguir la evolución de la deforestación, identificar las regiones donde se concentra y prever sus tendencias futuras. Esa información constituye una base para diseñar estrategias eficaces frente a la deforestación y orientar las prioridades de conservación.
Por desgracia, el bosque atlántico es uno de los biomas más transformados del mundo. Tras siglos de ocupaciones agrícola, ganadera, urbana e industrial descontroladas ha perdido gran parte de su extensión original. Las masas boscosas que aún permanecen suelen encontrarse fragmentadas y rodeadas por actividades humanas con gran impacto.
Es cierto que la reducción de la deforestación puede reflejar avances en las políticas ambientales, pero por sí sola no basta para explicar el estado de salud del bosque. Comprenderlo requiere una mirada más amplia que integre los procesos ecológicos y los procesos sociales. Ambos modelan el paisaje de forma interdependiente.
Junto a la superficie forestal perdida es necesario analizar la estructura del paisaje vegetal, el tamaño y aislamiento de los fragmentos de bosque, la conectividad ecológica y los efectos de borde. En los ecosistemas fragmentados, aumenta el área expuesta al ambiente exterior y, por tanto, a condiciones ambientales y biológicas que pueden afectar a su biodiversidad. Por ejemplo, en los límites del bosque, las plantas reciben más luz solar y las especies animales más adaptadas al interior no pueden sobrevivir.
